UNA BUENA PREPARACIÓN DEL CONTENIDO ES BÁSICA PARA HABLAR EN PÚBLICO

Antes de hablar en público debes ordenar bien tus ideas y preparar a conciencia tu intervención, dedicándole el tiempo necesario. Eso te ayudará a sentirte seguro y a superar el miedo escénico.

Debes dedicar un tiempo a pensar sobre el tema del que vas a hablar, dejando que las ideas fluyan en tu mente. Toma nota de todo lo que se te ocurra. Reflexiona.

Deja volar la imaginación. Haz tu propia y particular "tormenta de ideas", permitiendo que tu mente creativa le dé forma a cualquier idea por absurda que parezca. Entonces, tu mente lógica la ponderará y decidirá si es útil para el objetivo que te has marcado o no, si tal vez necesita una modificación en uno u otro sentido,si realmente es demasiado absurda o si puede apoyar adecuadamente la expresión de determinada idea.

De esa forma, encontrarás un hilo conductor, una idea original, un enfoque creativo, llamativo, atractivo, didáctico e incluso emocionante para desarrollar tu intervención (tu discurso, tu ponencia, tu conferencia, tu presentación...).

Una vez conseguido ese "algo" que le dará personalidad a tu discurso, ya puedes dedicarte a recopilar toda la información, todos los datos, todo el contenido de lo que quieres exponer. Cuanto más material consigas "poner sobre tu mesa", mejor.Trata de ser exhaustivo. Sigue aquel principio tan popular del "más vale que sobre que no que falte".

No estará de más, por cierto, que busques algunas citas de determinados personajes que ayuden a ilustrar y aportar valor a tus ideas. El efecto sobre la audiencia es el de aportar autoridad a esas ideas que expones, como si dijeras: "No sólo lo digo yo; lo dice también este autor".

Cuando ya tienes todos los ingredientes, debes fijarte en un elemento crucial: el tiempo del que dispones. Con el material que tienes, seguro que podrías preparar una intervención de una hora. Sesenta minutos hablando, aportando, datos, ideas, citas, etc. Pero debes ajustarte a esos diez, veinte o treinta minutos que tienes asignados, lo que significa que deberás desechar bastante material, eligiendo lo que sea más interesante y necesario para transmitir las ideas que quieres hacer llegar a tu audiencia.

Para ser riguroso con el tiempo, debes crear una estructura básica, unos grandes apartados. asignándole tú mismo un determinado número de minutos a cada apartado. A partir de ahí, desarrollarás las ideas, los datos, los contenidos que consideres oportuno para cada uno de esos grandes apartados, siendo muy escrupuloso en la duración de cada bloque.

Cuando ya lo tienes todo escrito, repásalo, reescríbelo, cambia algunas frases, busca palabras más precisas e incluso más hermosas. Y, cuando ya tengas el texto definitivo, decide si vas a dirigirte al público con los papeles delante, con un esquema-guión, o vas a decirlo todo de memoria. En  cualquier caso, debes leer una y otra vez el texto que has escrito, fijando bien las ideas en tu cabeza para poder expresarlas con soltura al ponerte a hablar en público delante de tu auditorio.

EXPLICA EN UN MINUTO CÓMO HA SIDO TU VERANO

Las vacaciones de verano han terminado para la mayoría. Se reinicia la actividad profesional y laboral.

Seguro que la mayoría les contaremos a nuestros compañeros, amigos y familiares cómo ha sido nuestro verano; pero, ¿serías capaz de contarlo en tan sólo un minuto, con orden, sin dudas, de forma atractiva, con naturalidad, resaltando las ideas principales y dejando una sensación positiva en quienes te escuchan, para que se hagan una idea exacta de cómo ha sido tu verano o, al menos, de cómo quieres que se lo imaginen?

Inténtalo. Grábate con tu teléfono y a ver si eres capaz de contarlo en un minuto, de forma natural, completa y ajustada al tiempo. Y, por supuesto, sin muletillas ni latiguillos, dejando los espacios y silencios adecuados, que le dan peso a tu intervención.

Como es lógico, deberás resaltar las cuatro ideas principales, dedicándoles, por ejemplo, quince segundos a cada una de ellas. Fija bien el esquema en tu mente, concéntrate y ¡adelante! Hazlo.

Cuando ya lo hayas conseguido, ponlo en práctica con tus compañeros y amigos. Será una buena forma de practicar tus habilidades a la hora de hablar en público. Y, cuando lo hagas, no dejes de mirarles a los ojos mientras hablas, sonriendo de una forma natural y poniendo los gestos adecuados a lo que estás diciendo, a la vez que cuidas el volumen y el tono de tu voz, dándole la expresividad debida.

Y si compruebas que no acabas de saber cómo hacerlo bien, no lo dudes: inscríbete en uno de mis cursos sobre "Hablar en público y comunicar con eficacia", donde aprenderás los secretos de la oratoria. En Septiembre impartiré dos en Valencia: uno entre semana y otro en dos fines de semana. Los detalles están en la convocatoria adjunta. Y recuerda que te garantizo que te encantará lo aprendido. De forma que, si no es así, te devolveré el dinero de la matrícula.



EL BUEN ORADOR DEBE CREER EN SU MENSAJE AL HABLAR EN PÚBLICO

He asistido a una Misa en un convento de monjas en Noja (Cantabria). Hoy es San Bernardo, considerado como fundador de la orden del Císter. El sacerdote ha pronunciado una homilía y creo que ha sido una de las mejores que he escuchado desde hace algún tiempo, no ya por su contenido sino por las formas que ha utilizado para transmitirnos su mensaje, ajustadas a las técnicas de hablar en público.

De entrada, su mensaje era claro y se entendía a la perfección; pero, además, tenía un buen timbre de voz, vocalizaba y articulaba muy bien; es decir, pronunciaba bien las palabras y se le entendía con claridad. Me recordaba a San Josemaría, a quien tuve la ocasión de escuchar predicar hace más de cuarenta años.

Hablaba con un ritmo pausado, pero no excesivamente lento. Hacía las pausas adecuadas. Hablaba de forma natural, sin afectaciones, pero aplicaba la debida expresividad a lo que decía. Y, por supuesto, decía cosas interesantes desde una perspectiva cristiana, resaltando con claridad los puntos que quería resaltar, repitiendo el mensaje central tres veces a lo largo de su intervención , ajustada al tiempo (unos ocho minutos) y, siempre, durante los ocho minutos de su intervención, miraba a los feligreses que tenía delante; es decir, miraba a las personas que le escuchábamos, principio básico de todo buen comunicador al hablar en público.

Muchos sacerdotes deberían revisar su forma de predicar. Su mensaje es el principal de los mensajes: el mensaje del Evangelio, el mensaje de la vida cristiana, el mensaje de Jesús, el mensaje del Amor, el mensaje de la salvación y de la vida eterna. El buen comunicador debe creer firmemente en su mensaje al hablar en público. No debe decir palabras, palabras y más palabras. Así, si cree firmemente en su menaje, lo transmitirá con expresividad, ya que la expresividad transmite a quienes escuchan el estado de ánimo que el orador quiere comunicar a través de sus palabras. Por eso, el orador, al hablar en público, debe plantearse qué estado de ánimo quiere transmitir: ¿la monotonía y el aburrimiento, a través de palabras huecas, dichas sin convicción, o las emociones positivas que nacen de una mente y de un espíritu identificados absolutamente con el mensaje que el orador quiere hacer llegar a su público a través de sus palabras?

Ahí está la clave para que un orador pueda llegar a conseguir la persuasión con sus palabras; es decir, que pueda lograr que el público que le escucha se identifique plenamente con sus ideas. Y eso se consigue mediante el buen uso de la retórica. Pero, por desgracia, con demasiada frecuencia escuchamos a ingenieros, empresarios, políticos, economistas, escritores..., que no consiguen removernos por dentro al hablar en público; no consiguen que nos identifiquemos con lo que están diciendo. Y ese debe ser el objetivo último de todo buen orador, cualquiera que sea su profesión.


EL BUEN ORADOR DEBE TENER SENTIDO DEL HUMOR Y ALEGRÍA DE VIVIR

Al hablar en público debes sonreír. Un gesto serio y adusto transmite frialdad, distancia, rechazo, falta de emociones. Y eso, indefectiblemente, conduce a la separación de quienes escuchan con respecto a lo que dice el orador.

Debes tener sentido del humor; es decir, capacidad de reírte de ti mismo y capacidad para hacer sonreír e incluso reír abiertamente a tu público. La risa te ayuda a relajarte y relaja a las personas que escuchan. Crea un ambiente propicio para la comunicación eficaz; o sea, para la buena oratoria. Al público siempre le cae mejor un orador relajado y simpático que un orador serio, adusto y distante.

Pero todo debe ser natural. Y, para ser natural, no lo olvides, debe nacer de un sentimiento muy profundo: debe nacer de tu propia alegría de vivir. Esa alegría de vivir la sentirás si eres capaz de tener sentimientos positivos y ver y comprender que eres un ser humano con un valor infinito. Yo añado: si comprendes que eres hijo de Dios. Esos sentimientos positivos te ayudarán a tener una actitud de gratitud, de esperanza y de voluntad para modificar lo que veas que necesitas modificar en tu vida para ser como realmente te gustaría ser.

Si consigues incorporar todo eso a tu vida, cuando te pongas delante de un grupo de personas para hablar en público, en cualquier circunstancia, esas emociones interiores tuyas se transmitirán de forma natural a las personas que te escuchan. Entonces es cuando lograrás comunicar con eficacia y con naturalidad. Así es como esas ideas que están en tu cerebro encontrarán el vehículo adecuado para transmitirse de forma eficaz a los cerebros de quienes te escuchan. Esos cerebros estarán más receptivos y más predispuestos a asumir y compartir las ideas que les transmitas.

Pero no te olvides que no es cuestión de "ser graciosillo". No. El "graciosillo" produce rechazo, precisamente porque no transmite naturalidad, porque se evidencia que todo lo que dice y hace no nace de esos profundos sentimientos a los que me he referido, sino de actitudes, gestos y formas de hablar, que se muestran como aprendidos, forzados, ficticios, artificiales y, en definitiva, falsos.

No lo olvides: sé natural al hablar en público. Y, para lograrlo, reflexiona sobre esos profundos sentimientos que nacen de la auténtica alegría de vivir.

LOS PROFESIONALES ESPAÑOLES TIENEN POCO NIVEL AL HABLAR EN PÚBLICO

Sigo viendo cada día el tremendamente flojo nivel que hay entre muchísimos profesionales españoles a la hora de hablar en público. El problema, claro, es que nadie les ha enseñado y hacen lo que pueden, que en muchos casos es poco. El problema se ve agravado en los casos en que el orador está preso del miedo a hablar en público, de la tensión y de la falta de confianza en sí mismo. Y el problema es grave porque de esa forma tan deficiente no consiguen comunicar sus ideas de modo adecuado y con persuasión. ¡Por culpa de esa falta de formación están perdiendo oportunidades de éxito! ¿Cómo es posible que muchos aún no se hayan dado cuenta?

Para solucionar esos problemas y conseguir adquirir las habilidades necesarias para hablar en público con eficacia, yo ofrezco en julio otras dos nuevas oportunidades: dos cursos, uno en cuatro días entre semana y otro en dos fines de semana.

Aquí tienes la información. Anímate y, por favor, comparte esta información con gente a la que sabes que le vendría bien asistir a este curso:

JOSTO MAFFEO DEBE CUIDAR LA FORMA DE HABLAR EN RADIO NACIONAL

Hoy he publicado un comentario profesional en la página del programa de Radio Nacional "No es un día cualquiera", que vale la pena para cualquiera que quiera hablar en público con brillantez y eficacia. Aquí copio el mensaje:

Sois estupendos. El programa acompaña de forma amable, variada, interesante y divertida las mañanas de sábados y domingos. Pero tengo que haceros una crítica profesional.

Radio Nacional tiene que ser el ejemplo radiofónico para cualquier profesional del medio y debe ser modelo público del idioma castellano, no sólo en el uso de palabras y expresiones sino en su "envoltorio"; es decir, en la forma de decirlas. Por eso, os sugiero que Josto Maffeo se esfuerce por corregir graves defectos que tiene en ese sentido.

Josto Maffeo debe aprender a respirar , tomando suficiente aire y dosificándolo de forma adecuada. Se puede hablar rápido, pero sin mostrar ese horrible agobio. Debe procurar tomar aire por la nariz o con la boca abierta, pero bien abierta, sin hacer ruido entre los dientes. Queda horroroso. Debe evitar hacer chasquidos sonoros con su lengua al despegarla del paladar de forma brusca. Y debe evitar tragar saliva de forma sonora y ostensible en mitad de una frase, lo que resulta horrible y poco profesional.

A Josto Maffeo lo pongo de ejemplo en mis cursos de oratoria sobre cómo NO hay que hablar en público. Su sección, lectura de prensa, está muy bien, pero debe cuidar las formas, y más en Radio Nacional. Por favor. Con todo mi afecto. Paco Grau.



Hasta aqui, el mensaje que le he enviado al programa de RNE. Y es que cualquiera que quiera hablar en público de forma correcta y comunicar con eficacia, debe cuidar también la forma en que las palabras salen de su boca. 

Además del tono, el volumen, la modulación y la expresividad, deberá aprender a respirar para dosificar bien el aire que sale de sus pulmones. Si no sabe dosificar la salida de ese aire no será capaz de pronunciar una frase un poco larga sin respirar.

Al hablar en público, la respiración debe controlarse de forma adecuada. Si estiras los labios como para sonreír, separas muy poco los dientes, pones la lengua justo detrás de los incisivos inferiores y tomas aire con fuerza, comprobarás el desagradable sonido que produce el mencionado periodista en el programa de radio. Y eso, a mitad de una frase y delante de un micrófono. ¡Horrible!

En mis cursos de hablar en público enseño a mis alumnos a controlar esos defectos para corregirlos, así como otros referidos a los chasquidos de lengua y tragadas de saliva a destiempo y de forma sonora. Un buen orador, en definitiva, debe cuidar la forma en que las palabras salen de su boca. 

DEBEMOS ENTRENAR LOS "MÚSCULOS" DEL CEREBRO

Cuando queremos tener un cuerpo fuerte y en buena forma física, con músculos fuertes y elásticos, preparados para el deporte, vamos al gimnasio y nos ponemos en manos de un especialista para que nos diga qué ejercicios debemos hacer y cómo los debemos hacer. Somos conscientes de que la repetición y la insistencia por nuestra parte será fundamental para conseguir el objetivo que nos hemos planteado. Al cabo de unos meses, nuestro cuerpo estará preparado para acometer determinado esfuerzo o practicar cierto deporte con garantías de que nuestros músculos y tendones van a responder.

Del mismo modo, debemos ser conscientes de que, si queremos adquirir determinadas actitudes mentales o habilidades a la hora de hablar en público, debemos ponernos en manos de un especialista que nos diga qué "músculos cerebrales" debemos ejercitar para conseguir el objetivo que nos hemos marcado: superar miedos e inseguridades y conseguir tener seguridad y confianza personales al ponernos delante de un grupo de personas para transmitirles determinadas ideas mediante la palabra hablada.

Esos "músculos cerebrales", como es natural, no son tales, sino que son circuitos cerebrales que podemos entrenar para que adquieran esa fortaleza que perseguimos. Y la única forma de entrenar esos "músculos" es con el ejercicio mental y con la repetición, de forma que nuestra mente responda con agilidad, con seguridad, con confianza y con elegancia al reto de hablar en público y saber transmitir de forma adecuada las emociones que queremos transmitir a nuestro público, utilizando bien los recursos retóricos necesarios para que nuestra comunicación sea eficaz.

Pero no olvidemos que, igual que el ejercicio de gimnasio puede resultar tedioso y hasta aburrido, pero lo hacemos porque sabemos que la recompensa a medio plazo será importante, del mismo modo debemos ser constantes en practicar los ejercicios mentales, sabiendo que tendremos la maravillosa recompensa de disfrutar al hablar en público.

Puedo aportar la experiencia de varios miles de alumnos míos que han seguido mis instrucciones y han conseguido sus objetivos. Pero, cuando me lo agradecen, siempre les digo que lo han conseguido gracias a su esfuerzo personal y a su constancia. Sin ellos, es imposible. La recompensa vale la pena.