SIN ESFUERZO ES IMPOSIBLE ALCANZAR TUS METAS


¿Has visto alguna vez una botellita de plástico flotando en una corriente de agua, en un río? La corriente la lleva por donde quiere. 

No dejes que tu vida vaya por donde te lleven los acontecimientos y las circunstancias sobre los que no tienes ningún control. Decide tú a dónde quieres ir, cómo quieres ser, márcate un objetivo ambicioso, grande, elevado. Ten esa referencia como la cima de la montaña a la que quieres subir. Reflexiona y estudia bien qué necesitas para alcanzarla, para subir a esa cima. Y, a partir de ahí, pon los medios necesarios, materiales y personales, mentales, para hacer realidad ese camino; es decir, ¡esfuérzate! Sin esfuerzo es imposible alcanzar ninguna meta que valga la pena.


Lo mismo que cualquier otra habilidad que quieras adquirir, hablar en público con eficacia requiere entrenamiento y esfuerzo, por supuesto. Imagínate ser un excelente orador, capaz de desarrollar y expresar tus ideas con brillantez. ¿Te gustaría? Pues el camino es evidente. Tienes que venir a mi curso, te enseñaré la forma de conseguir hablar en público sin miedo y comunicar con la máxima eficacia. Pero, a partir de ahí, tendrás que hacer tú el esfuerzo de practicar y practicar. Te aseguro que lo conseguirás si de verdad te empeñas.

OLVÍDATE DE TUS MANOS AL HABLAR EN PÚBLICO

En mis cursos, mucha gente me pregunta qué hacer con las manos al hablar en público. Yo les enseño qué es lo que no deben hacer y porqué. Como norma general: ni ocultar ni sujetar las manos. Por tanto, les dijo las cosas que no deben hacer con las manos al hablar en público

  • Que se cojan una a la otra delante de tu cuerpo, porque no podrán moverse. Y tal vez te ocurra como le ocurrió a un alumno mío, que gesticulaba moviendo las dos manos juntas con los brazos estirados delante del cuerpo. Quedaba ridículo. ¡Una mano quería gesticular y la otra no le dejaba!

  • Esconder las manos detrás, porque el público no las verá y eso es un mensaje negativo de comunicación corporal, además de que pierdes capacidad de expresión. Muchas veces, en mis cursos, cuando algunos alumnos salen a hacer ejercicios delante del resto de la clase, con la manos detrás, les hago ver que su comunicación pierde eficacia porque no nos han enseñado las manos. Es un mensaje subliminal que tenemos muy introducido en nuestro cerebro: no ver las manos de quien nos habla nos crea una sensación inconsciente de falta de confianza: ¿Qué esconde esa persona? Y esa sensación se extiende al contenido de su mensaje. Así funciona la comunicación corporal.
  • Cruzar los brazos, por las mismas razones anteriores. En comunicación corporal se interpreta como un gesto muy negativo que transmite inseguridad y deseos de protección. Tengo muy comprobado que cuando alguien habla con los brazos cruzados, instintivamente mueve mucho el dedo pulgar que queda libre y los hombros; porque, en realidad, querría mover las manos, pero como las tiene atadas, su subconsciente le lleva a apoyar sus palabras con los movimientos del pulgar y de los hombros.


  • Meter las manos en los bolsillos, porque es una actitud displicente y poco formal, además de que también ocultarás las manos a la vista del público, perderás expresividad y, además, corres el riesgo de, sin darte cuenta, toquetear o rascar donde no debes, lo que resultará muy vulgar y embarazoso. 


 Por tanto, las manos debes dejarlas sueltas a los lados del cuerpo o apenas tocándose (no estrujándose ni retorciéndose), delante de tu abdomen, con los brazos doblados, y ¡olvídate de las manos! 

Cuando estés hablando en público, concentrado en tu mensaje, sintiendo de verdad lo que estás diciendo, tus manos se moverán solas, libres, gesticulando de una forma natural, sin artificios, sin ademanes ensayados ni forzados, sino reforzando con eficacia las ideas que tus palabras van expresando. Siente lo que estás diciendo y todo tu cuerpo transmitirá tus ideas con la suficiente expresividad, lo que te permitirá manifestar tus emociones; es decir, comunicar con eficacia al hablar en público, que es el objetivo que debes perseguir.

ALBERTO FABRA HA MEJORADO PERO AÚN LE FALTA PARA LLEGAR A COMUNICAR

He visto el Mensaje de Fin de Año del President de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, en YouTube, claro, porque los valencianos ya no tenemos televisión autonómica desde hace más de un año. Una televisión, por cierto, que él mismo decidió cerrar (https://www.youtube.com/watch?v=EFWaKXI8z0M). 

No entro en el contenido de su discurso en el que, como es lógico, sólo habla de aspectos positivos. Hace alusión a algunos factores de nivel nacional, como el relevo en la corona de España, la perdida de Adolfo Suárez y el rechazo a la ruptura, con un llamamiento a tener la mirada puesta en el Estado. "Ejemplaridad, buena gestión, participación y transparencia" dice que son las bases en las que ha apoyado su acción de gobierno. Ofrece datos sobre acción social, sobre lucha contra el paro y resalta el papel de las familias en esta situación de crisis.

Como decía, no pretendo entrar a analizar el contenido sino la forma que tiene Fabra de intentar comunicarnos esas ideas importantes. ¿Lo consigue? Creo que ha hecho verdaderos esfuerzos por mejorar su comunicación y ahí es donde reside el problema. Se le nota que se esfuerza; es decir, que no resulta natural su forma de dirigirse a los ciudadanos a través de las cámaras de televisión. Por tanto, no comunica con eficacia.

La posición del cuerpo de Alberto Fabra es la más arriesgada, pero es la que mejor comunica a la hora de hablar en público: de pie, sin mesa, sin silla, sin atril. De cuerpo entero frente a su audiencia; en este caso frente a las cámaras de televisión, que  viene a ser lo mismo. Plantado. Firme. Con los pies ligeramente separados y el cuerpo quieto, apoyado en los dos pies, pero sin rigideces. Su indumentaria, perfecta: traje gris y corbata de tono azul claro. Por cierto, igual que el Rey Felipe en su mensaje de Navidad. Tan sólo un pequeño detalle negativo: la corbata la tenía un poco desplazada hacia su derecha. En los planos medios se notaba y no quedaba bien. 

Alberto Fabra mueve las manos con gestos que se notan aprendidos. No son gestos que le salgan espontáneos y naturales. Son gestos demasiado repetitivos. Da la sensación de que su objetivo era no dejar una frase sin un movimiento de mano. Si en algunos momentos las hubiera dejado quietas no habría pasado nada. Por otro lado, se le nota tensión en las manos. Cuando no las mueve las mantiene delante de su cuerpo con todos los dedos juntos y la palma de la mano curvada mostrando cierta tensión. No es un gesto natural. Nadie deja así la mano cuando no la mueve al gesticular. Sí que transmite naturalidad cuando junta un momento el índice y el pulgar para precisar una idea, o cuando entrelaza los dedos de las dos manos para reforzar la idea de la red de solidaridad y apoyo que ha significado el entramado familiar.

La cara de Alberto Fabra es bastante inexpresiva. No mueve un solo músculo, sus ojos no expresan nada. No mueve los párpados. No mueve una ceja. Por no faltar a la verdad, en algunas frases levanta la ceja derecha de forma apenas perceptible. Pero su mirada es fría porque está muy pendiente de leer el texto de su discurso en el teleprompter. Eso sí, mueve la cabeza ligeramente hacia uno y otro lado, un truco que se utiliza para que no se note que mueve los ojos al leer el texto en la pantalla.

En cuanto a su voz, ha mejorado el énfasis que le da a algunas frases con respecto a hace un par de años. Pero lo dice todo con un mismo ritmo. Una vez más, poco natural. En algunas frases cambia los acentos de algunas palabras, lo que transmite una clara sensación de estar leyendo; o sea, de no estar comunicando con eficacia, de no estar "diciéndonos" las cosas desde su interior, desde su convicción personal, sino leyéndolas desde la parte racional de su cerebro. O sea, falta de fuerza en su mensaje. Y, hacia el final del discurso, para que no se diga, habla en valenciano 42 segundos, en un discurso con una duración de 6'30". Su dicción en valenciano al hablar en público es simplemente correcta, aunque se nota que no es valencianohablante y le falta naturalidad también en esta faceta. 

En resumen, Alberto Fabra ha mejorado en estos años, pero todavía está lejos de ser un buen comunicador. Debe seguir esforzándose por interiorizar todos los consejos que recibe, pero debe procurar hablar  en público transmitiendo emociones. Eso es comunicar. Lo demás, son sólo palabras.
 





APROVECHA LA NOCHEVIEJA Y PRACTICA

A todos mis antiguos alumnos les he felicitado estas fiestas con este texto:

Te deseo una FELIZ NAVIDAD y también UN FELIZ AÑO NUEVO, llenos de ocasiones de hablar en público y practicar lo que enseño en mis cursos: a comunicar con eficacia.

Esta noche, si quieres, puedes aprovechar la ocasión. Prepárate un breve discursito de uno o dos minutos (ya sabes cuánto es hablar un minuto, ¿verdad? Menos de un folio) y en la cena, a los postres, te pones de pie, pides silencio y, si lo consigues, les miras a todos a los ojos y con toda calma y tranquilidad, les diriges unas palabras en las que expreses lo que quieras y en el tono que quieras: con más humor, o más en serio, cargado de ternura tal vez, o desgranando recuerdos de familiares que ya no están, quizá recordando otras noches como esta; pero, siempre, por favor, siempre, siendo positivo.

Sin tonterías ni "buenismos" estúpidos, pero sí con la confianza y la seguridad de que, si cada uno de nosotros nos empeñamos, si nos esforzamos, si ponemos ilusión y trabajo duro, conseguiremos, de verdad, que 2015 sea una año genial. No olvides que conforme sean tus pensamientos serán tus emociones y según sean éstas serán tus actos y tus actos conforman tu manera de ser, tu manera de estar en la vida. Luego cuida tus pensamientos, que sean sanos y fuertes, y conseguirás una forma de estar en la vida alegre, positiva, generosa, ilusionante y, en definitiva, feliz. Y con ello harás felices también a quienes te rodean.

Diles algo así, o lo que a ti te parezca mejor (era sólo una sugerencia); pero haz el esfuerzo de comenzar el año practicando tu capacidad de superar las vergüenzas y comunicando con toda tu eficacia al hablar en público. ¡Ànimo! ¡Hazlo y verás qué bien! Y siempre será un recuerdo más de esta Nochevieja de 2014.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

EL REY FELIPE VI ES UN BUEN ORADOR

En el discurso oficial de Navidad del Rey Felipe VI, lo primero que me ha llamado la atención ha sido que apenas ha habido una breve referencia religiosa, con un plano en el que se ha visto el Nacimiento durante cinco segundos. Para que no digan. Fotos sólo de él y Leticia y de él con su familia. De su padre, Don Juan Carlos y de su madre, Doña Sofía,también los mismos segundos que del Nacimiento, con un plano de cámara esquinado, un poco forzado. Para que no digan. Pero nada del resto de la familia real.

Su imagen física es impecable. Un traje gris elegante, con gemelos, una corbata en tono azul claro, calcetines largos, que permiten que se levante la pernera del pantalón sin que se le vean los pelos de la pierna (lo que quedaría horrible). Por poner alguna pega, tal vez tenga las cejas excesivamente pobladas. Podría depilárselas un poco para no dar esa imagen dura. Deberían haberle maquillado las orejas porque se veía la cara maquillada pero las orejas rojas. Daba la impresión de que tenía calor.

Se le veía bastante natural, con las piernas cruzadas en gesto familiar. Gestos también naturales con sus manos, reforzando sus palabras. Pausas bien hechas. Ritmo tranquilo, marcando bien algunas frases a las que procuraba darle el énfasis y la expresividad adecuados, como cuando decía que le duele la situación de Cataluña o enviaba mensajes de ánimo a los españoles.

En definitiva, el Rey Felipe VI es muy profesional y demuestra siempre ser un buen orador cuando tiene que hablar en público. Sin duda que le habrá dedicado el tiempo suficiente para aprenderse bien el texto de su mensaje y lo habrá ensayado, aunque, como es natural, estaría leyéndolo en el teleprompter.

EN LAS ESCUELAS DE NEGOCIO DE EE.UU. LA PARTICIPACIÓN EN CLASE CUENTA LA MITAD DE LA NOTA

Estamos a años luz de EE.UU. en habilidades de oratoria y comunicación; en capacidad de comunicar con eficacia, de conseguir la elocuencia, de convencer, de persuadir, al hablar en público. Como me dijo una vez un alumno mío, ejecutivo en una multinacional: "Cuando hablas con los ejecutivos americanos siempre parece que están vendiendo". Y yo le respondí: no es que "lo parece"; es que están vendiendo.

Porque los profesionales norteamericanos han recibido una formación muy distinta a la de los españoles. Además de los conocimientos específicos de su especialidad, desde pequeños han recibido enseñanzas sobre comunicación y sobre "hablar en público"  ("speaking") y las practican el resto de sus años estudiantiles, algo que, por desgracia, no ocurre en España, salvo honrosas excepciones.

Al conocido profesor de inglés Richard Vaughan le oí decir no hace mucho en uno de sus programas de radio que a los 22 años, cuando terminó sus estudios universitarios, calculaba que habría hecho unas ¡200 intervenciones hablando en público!; o sea, ¡200 "speakings"! Como diría un americano: "¡Uuuuaaauuu!". ¿Puede decir algo ligeramente similar un estudiante medio español? Rotundamente, no. Y ese lastre, esa carencia formativa, la arrastramos sin darnos cuenta del peso muerto que significa y de hasta qué punto impide proyectarse y volar con ímpetu a nuestros estudiantes, futuros profesionales y, por supuesto, a la inmensa mayoría de los actuales profesionales, empresarios y dirigentes españoles. Pero ¿cómo no se dan cuenta de esta realidad los distintos responsables universitarios?

En 2007, el Rector de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, lo decía en un artículo de prensa:
"En la vida real, saber escribir una carta o conducir una negociación supera en interés a conocer el último capítulo del temario o la técnica más novedosa. Y no estamos actuando en consecuencia. Es el momento de que, además de los conocimientos específicos de cada titulación, nos preocupemos de que nuestros estudiantes salgan formados y bien formados, que sepan escribir y hablar en público, y también desarrollar un pensamiento crítico, hacer un análisis cuantitativo, incorporar a su razonamiento un componente moral y ético, trabajar en equipo, tener iniciativas, arriesgar y comprometerse. Eso es ser universitario".

En las famosas "business schools" norteamericanas (en la foto la de Harvard), las escuelas de negocio, la participación en clase ¡¡cuenta la mitad de la nota!! Sí. Has leído bien: la mitad de la nota. Algo que a los españoles nos es tan ajeno, que nos parece increíble. Esto, claro, vienen aplicándolo también, hasta cierto punto, las escuelas de negocio españolas, que se han desarrollado al rebufo de aquellas.

Pero, vaya usted a sugerir esto en cualquier facultad española de Medicina o Económicas, en cualquier escuela de Ingeniería o Arquitectura, ¡en cualquier facultad de Derecho! En estas facultades de leyes sus estudiantes son. en su mayoría, futuros abogados, por lo que para ellos la palabra será su elemento diario de trabajo. Pues ni siquiera en esas escuelas de leyes enseñan a sus alumnos a ser proactivos y asertivos, a tener seguridad en sí mismos, a tener tal soltura hablando en público, expresando sus ideas con eficacia y claridad, que cuando salgan de la facultad ingresen en el mundo profesional teniendo estas habilidades asumidas como parte de su ADN intelectual y emocional. Pero, no. Esto no se hace en la mayoría de colegios españoles y tampoco en las universidades.

Y así nos va, con alumnos timoratos a la hora de levantar su voz para preguntar algo a un profesor o a un conferenciante, o temblando ante el compromiso de hacer una exposición verbal de un trabajo o pronunciar un discurso ante padres y profesores, y con profesionales, e incluso con dirigentes, que siguen exhibiendo las mismas lamentables carencias en el desarrollo de una habilidad absolutamente esencial en su vida profesional, y que vienen arrastrando desde su adolescencia. Y esto no tiene otro nombre más que "inmadurez". Por tanto, deberemos concluir que, desde el punto de vista de las capacidades oratorias y de comunicación (aunque, por desgracia, no sólo en esto) hay demasiados inmaduros entre los profesionales españoles.




UN FEO, BUEN COMUNICADOR, ENGANCHA MÁS QUE UN GUAPO VULGAR, SOSO Y ORDINARIO

Participo en varios grupos de debates y comentarios en Linkedin. En uno de ellos, del ámbito de profesionales de las ventas y del mundo comercial, uno de los miembros planteó un debate sobre si la imagen física de un vendedor es determinante.

He podido leer un montón de comentarios interesantes. Yo, por mi condición de profesional de la comunicación, y desde mi experiencia en la formación de miles de profesionales en los últimos veinte años, he dejado un comentario que me permito extender aquí, en mi blog, porque es un tema que abordo en mis cursos de "Hablar en público y comunicar con eficacia"..

La primera impresión, referida al aspecto físico de un vendedor, en efecto, es muy importante porque envía determinados mensajes, positivos o negativos; pero todos tenemos experiencias de personas con muy buena imagen personal que, en cuanto empiezan a hablar... la fastidian y la opinión sobre ellos cambia. Y, por el contrario, personas con muy mal aspecto, con muy mala imagen, nos conquistan y nos parecen encantadoras en cuanto abren la boca para decir cualquier cosa. Como dice un autor francés, Paul Jagot: "Por muy contrahecho que sea un individuo, puede ser buscado, querido, admirado, por sólo lo agradable de sus razonamientos, si cultiva su voz, su manera de articular las palabras, su vocabulario y su ingenio".

En mi opinión, por tanto, un vendedor debe cuidar su apariencia física, lo que significa que debe ser agradable, armoniosa, adecuada al ambiente en el que se desenvuelve y, siempre con sencillez; pero, esa apariencia debe estar respaldada, sobre todo, por su forma de comunicarse con los demás.

En mis cursos de oratoria, en los que enseño a profesionales de todo tipo (entre ellos a vendedores y empresarios) a comunicarse con eficacia, cuando les hablo de este tema siempre pongo por ejemplo al famoso Mago Tamariz, un tipo feo de verdad, pero encantador y un gran profesional de la magia, que cae bien a todo el mundo. Cuando menciono su nombre, todo el mundo sonríe, demostrando su aproximación afectiva a ese personaje tan entrañable por su profesionalidad, por su sencillez y por el cariño con el que trata a los demás. Tomemos nota.

En cambio, conozco el caso que me contó un amigo, que esperaba mesa en un restaurante junto a su mujer y otras parejas. Entró una chica guapísima, maravillosa, que llamó la atención de todos, incluidas las señoras: preciosa, joven, atractiva, bien vestida... pero que hizo desvanecer ese primer golpe de admiración en cuanto se aproximó a la mesa donde le esperaba un grupo de jóvenes y dijo con una voz totalmente vulgar y ordinaria, casi gritando: "¡A mí al lado de estos tragones no me pongáis, que el otro día no me dejaron comer!".