RAJOY BOTÓ DESPUÉS DEL VOTO

En la noche electoral española del domingo 26 de junio, tras conocerse los resultados, el primero en comparecer ante los medios, con 71 escaños bajo el brazo, fue Pablo Iglesias, con la ejecutiva de Unidos Podemos detrás de él. Todo eran gestos serios y caras largas. Había que ver la de Errejón, con la mandíbula apretada y el ceño fruncido. Nadie esbozaba ni una ligera sonrisa. No era para menos. Las encuestas les auguraban resultados espectaculares, por encima del PSOE, pero su gozo se quedó en un pozo, colgado de la ¡corbata!, eso sí: desaliñada, que lucía el líder, acompañado de Garzón (IU).
Pedro Sánchez salió como si hubiera ganado las elecciones: contento, sonriente y aparentemente feliz por haber evitado el famoso y dichoso "sorpaso" (puñetera palabra): Unidos Podemos había quedado detrás. del PSOE y ¡todos estaban felices! a pesar de tener los peores resultados de su historia, 50 escaños por detrás del PP. Pero se notaba el gesto forzado y, en el fondo, tenso. 
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, salió también sonriente aunque había perdido ocho escaños en beneficio del PP; pero, claro, la culpa no había sido suya sino del sistema electoral. Curiosamente coincidió con Iglesias en una expresión: "El centro ha venido para quedarse". La coincidencia, claro, era en lo de "para quedarse", no en lo de "el centro". Sería ya el colmo de la desfachatez que Iglesias quisiera convencernos de que es "el centro" después de declararse "socialdemócrata".





Y, por último, pasada la medianoche y escrutado casi el cien por cien de los votos, apareció Rajoy ente los suyos en Génova y ante las televisiones. Ya dijo que era el discurso más difícil de su vida, no entendí bien porqué; pero, desde luego, fue de los peores que le he visto y oído, cuando era para haberlo bordado, llevado por las alas del triunfo. Fue un discurso sin fluidez, interrumpido por el jaleo de sus seguidores a los que no era capaz de pedir silencio para articular tres frases seguidas. Lamentable pero, eso sí, ganador y saltarín: "Que bote Rajoy", que botó después de que una gran mayoría le votó. 








EN JULIO, CURSOS INTENSIVOS DE VERANO PARA APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO


Tienes tres opciones; mañanas, tardes y fines de semana, para asistir a uno de mis cursos de “Hablar en público y comunicar con eficacia” y aprender de una vez a superar tus miedos y bloqueos ante el público y conseguir hablar ante esas personas con tranquilidad, seguridad, sencillez, elocuencia y capacidad de persuasión.

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LA COMUNICACIÓN NO VERBAL EN EL DEBATE ELECTORAL A CUATRO


El debate electoral que se celebró la noche de lunes 13 de junio no ofreció grandes novedades en cuanto a lo que era previsible que dijeran unos y otros, pero tuvo matices interesantes en cuanto a la comunicación no verbal, que es parte importante de lo que enseño en mis cursos de “Hablar en público y comunicar con eficacia” y que son el motivo de este artículo.


En la comunicación verbal, en la que no voy a entrar, Pablo Iglesias (Unidos Podemos) insistió en llamar a Pedro Sánchez (PSOE) para formar una coalición de izquierdas; Albert Rivera (Ciudadanos) trató de desmarcarse de Mariano Rajoy para que no le llamen “satélite del PP” y atacó a Iglesias mostrándole sus contradicciones; Pedro Sánchez (PSOE) repitió que él había intentado formar gobierno y que Podemos y el PP lo habían impedido; y Mariano Rajoy (PP) recibió andanadas de todos, pero esgrimió una y otra vez la contundencia de los datos y los hechos, reconociendo que todavía hay mucho que mejorar pero que su gobierno ha hecho muchas cosas positivas, a la vez que trató de levantar la autoestima de los españoles resaltando las muchas cosas buenas que tiene España, que deberían ser motivo de orgullo para todos.

En cuanto a la comunicación no verbal, que es la que más me interesa aquí, lo primero que me llamó la atención fue el retraso de Pedro Sánchez en acudir al plató, donde le esperaban el resto de candidatos y todos los reporteros gráficos para hacer la foto oficial de los cuatro candidatos. Debido a esta falta de puntualidad, el comienzo del debate se retrasó varios minutos respecto del guión previsto.  Fue un detalle de falta de cortesía por parte del señor Sánchez y, si me apuran, de falta de profesionalidad. Un principio sagrado para un orador es la puntualidad.


LA FOTO Y LA INDUMENTARIA


En la foto de grupo, me llamó la atención que Mariano Rajoy posara con las manos detrás. ¡Fallo garrafal! Parece mentira que tenga asesores, o parece mentira que no haga caso a sus asesores, que seguro que se lo han dicho. Un principio básico de la comunicación no verbal (corporal) es que las manos deben mostrarse siempre; por tanto, no hay que ocultarlas. La posición natural de las manos al posar para una foto es con los codos doblados, tocándose ambas manos delante del tronco, o dejadas caer a los lados del cuerpo con naturalidad, que es como posaron los otros tres candidatos.





En cuanto a la indumentaria, Rajoy y Sánchez vestían de traje y corbata, más convencionales y, a la vez, institucionales, Rivera con chaqueta pero sin corbata, dándole un toque más informal, y Pablo Iglesias, como es habitual en él en estos casos, en mangas remangadas de camisa blanca; es su forma de demostrar su “rebeldía” frente a lo convencional. Por algo dijo en un discurso frente a sus militantes que él va a las instituciones “a montarla”; o sea, a provocar.


EL ATRIL


Los atriles que les prepararon tenían un diseño moderno, de formas curvas; pero estaban cubiertos por la parte inferior, con la palabra DEBATE, lo que no permitía ver del todo a los candidatos, salvo cuando las cámaras les enfocaban por un lateral. En ese sentido, ellos tenían la ventaja de poder tener los papeles y notas delante; pero la desventaja de que no se les veía de cuerpo entero. Por eso, me pareció mejor la disposición del anterior debate, el llamado “definitivo”, de las anteriores elecciones, en el que los candidatos estaban de pie, sin atril, pudiendo mostrar todo su cuerpo que, sin duda, es la posición que más y mejor comunica, aunque es la más arriesgada para el orador.

Al tener el atril, Sánchez se agarraba con frecuencia a él, con los brazos estirados, lo que da una imagen rígida y poco comunicativa. Eso sí, al hablar los cuatro manejaban bien sus manos, con gestos bastante naturales, No obstante, me llamó la atención la costumbre de Iglesias de tener un bolígrafo en la mano. ¿No hay nadie que le diga que lo deje y que muestra sus manos libres para poder reforzar con sus gestos las palabras que dice, sin tener ese pequeño objeto como si fuera un apoyo psicológico que le transmita seguridad? Con su experiencia debería dejar de una vez la manía del boli. En el caso de Rajoy no parece una manía, pero en algún momento también exhibió un bolígrafo en su mano izquierda. ¡Suéltenlo, caramba, y muestren sus manos libres para apoyar sus ideas con gestos naturales!


LOS GESTOS


La gesticulación de los cuatro fue correcta, sin nada especial que señalar, salvo lo dicho de los bolígrafos. Rivera gesticula muy bien, con naturalidad, manejando bien sus manos. Sánchez hace gestos que parecen bastante aprendidos, separando mucho los codos del cuerpo, lo que no acaba de transmitir total naturalidad, aunque fue menos exagerado que en el anterior debate de diciembre. Rajoy no gesticula en exceso, pero reafirma muy bien sus frases con el típico movimiento de su mano derecha arriba y abajo con cierta energía, lo que transmite firmeza y seguridad. Y por último, Iglesias también es bastante natural en sus movimientos de manos, quitando lo del bolígrafo, que ya he comentado.

En cuanto a su gesticulación facial, Iglesias sigue esforzándose por levantar las cejas y poner “cara de pena” cuando habla, tal vez pensando que así resulta más suave y admisible, quizá para evitar fruncir demasiado el entrecejo, que es lo que suele hacer, mostrando una imagen de cabreo y de agresividad permanente. Utilizaba mucho la técnica de mover la cabeza en gesto de negación cuando alguien decía algo en lo que no estaba de acuerdo. Y el realizador, claro, nos mostraba su imagen negando. Es una técnica eficaz cuando queremos decir “No” sin interrumpir con la voz al oponente.
Ya dije la otra vez que Iglesias mejora mucho cuando sonríe, aunque ayer sonrió menos que en diciembre y llegó a ponerse muy tenso y nervioso cuando en algún momento Rivera le atacó, aunque nadie le dijo lo que él decía a sus oponentes en el anterior debate: “No te pongas nervioso, Pablo”; porque, la verdad es que se puso muy tenso en un par de ocasiones.




Rivera no mostraba nada especial en su cara; parecía más tranquilo que en diciembre. Rajoy no es un dechado de expresividad, pero mostraba con suavidad y con ironía caras de sorpresa cuando oía decir determinadas coas con las que no estaba de acuerdo. Y, por supuesto, sigue haciendo con sus ojos el tic nervioso que le caracteriza. No es grave, pero no es positivo. No sé si podría procurar corregirlo con la ayuda de un médico. Tal vez lo haya intentado. No sonríe demasiado, pero muestra una ligera sonrisa sardónica que transmite ironía y confianza en él mismo.

En cuanto a Sánchez , a pesar de tener una excelente imagen física, continúa sin transmitir relajación, seguridad y, sobre todo, naturalidad en sus gestos faciales al hablar. Se le notan los músculos faciales tensos y, en conjunto, no muestra relajación, naturalidad y, por tanto, no acaba de transmitir sinceridad en su forma de sonreír, lo que nos transmite la duda de si realmente cree en lo que dice.


LA MIRADA


Por lo que respecta a la mirada, parece ser que ellos mismos se quejaron de estar con sus atriles demasiado orientados hacia los moderadores. Pero la verdad es que eran muy libres de mirar a donde quisieran. Y, en este asunto, el orador debe saber hacia dónde dirigir su mirada. Desde luego, debe dirigirla hacia la persona a la que alude, porque es lo natural y lo que transmite más fuerza a las palabras que pronuncia y las ideas que transmite. Por ejemplo, Rajoy miró directamente a Sánchez cuando le dijo: “Sería usted un pésimo presidente” y siguió mirándole cuando le ofrecía determinados datos. Fueron unas de las pocas veces que lo hizo.

Sánchez sí miraba a Rajoy cuando le decía determinadas cosas, pero no miró ni una sola vez a Iglesias ni, por supuesto, a Rivera, con quien no tuvo ningún cruce dialéctico ni un reproche. Lo mismo cabe decir de Rivera, que no hizo el más mínimo ataque a Sánchez, con quien firmó su pacto de gobierno hace unos meses. En cambio, Rivera sí se esforzaba por mirar a Iglesias, junto a él, cuando le decía que no viniera aquí a dar lecciones, y a Rajoy cuando le pedía que reflexionara sobre su idoneidad como candidato del PP. Pero, por regla general, dirigían sus palabras a los moderadores y, por tanto, a los telespectadores, a quienes, por supuesto, nos dirigían la mirada a través de las cámaras cuando pronunciaron su mensaje final en el llamado “minuto de oro”. Al menos esta vez Rajoy lo sabía de memoria, como todos, y miró fijamente a la cámara, sin leer su mensaje, como hizo en el debate con Rubalcaba en noviembre de 2011.


EL TIEMPO


Otro aspecto que me pareció interesante, aunque negativo, fue la capacidad para gestionar el tiempo durante que el orador habla. En el primer bloque, sobre todo, recibieron el reproche de los moderadores porque no gestionaron bien el tiempo. Además, varias veces emplearon el viejo truco del: “Usted pregunte lo que quiera que yo responderé lo que me dé la gana”, lo que no deja de ser una muestra de descortesía con el profesional que les pregunta.

Donde sí que fueron exquisitos, claro, fue en su mensaje final. Les asignaron un minuto a cada uno y los cuatro lo clavaron, incluso sobrando algunos segundos, como hizo Rajoy. ¿No podrían aprender de ellos los premiados en la Gala de los Goya? ¡Por favor, hacedlo! No es tan complicado. Tan sólo hay que practicarlo y se consigue.



CONSEJOS PARA REDACTAR UN DISCURSO DE GRADUACIÓN

En estas fechas próximas al verano se estarán produciendo cantidad de actos de graduación por toda España: graduaciones de Bachillerato en multitud de colegios e institutos, graduaciones de másteres múltiples que tanto proliferan hoy en día y graduaciones de cursos diversos de las más variadas temáticas.

Hace unas semanas, una amiga y antigua alumna de mis cursos de “Hablar en público y comunicar con eficacia”, me dijo que le habían encargado pronunciar un discurso en representación de todos los alumnos del máster en el que se graduaba. Me pidió consejos, no ya para pronunciar el discurso, lo que ya aprendió en mi curso de oratoria y dijo que recordaba bien, sino consejos para prepararlo de forma eficaz, lo que también le expliqué en su día pero que tenía menos fresco.

Esa misma noche me puse a escribirle estos consejos, que ahora traigo a mi blog para poder compartirlos con cualquiera que tenga ese compromiso y a quien puedan servirle las siguientes líneas.




Piensa bien en el público que vas a tener delante: compañeros, familiares y profesores. Siente respeto, afecto y cariño por ellos desde el momento en que te plantees pronunciar ese discurso, siéntelo mientras lo preparas y, por supuesto, mientras lo interpretas delante de ellos. Eso te ayudará a conseguir la empatía, que es clave para un buen orador.

Recuerda que hay diversas formas de empezar un discurso. Las primeras frases tienen que impactar y captar la atención del público. Una forma de empezar es contando una breve historia o una anécdota que ayude al público a situarse. La anécdota puede ser grave, seria, profunda, o bien simpática, divertida, con un desenlace que haga reír al público. Por ejemplo, una anécdota que haya sucedido durante el curso o el máster.

Si la usas, empieza directamente, sin anunciarlo: “Voy a contaros…”. ¡NO! Así no. Puedes decir algo así, por ejemplo: “Hace unos años pensaba que lo mejor que podía hacer en la vida era tal y tal. Por eso, un día les dije a mis padres que había decidido tomar una decisión: tal y cual… y al final resultó que… Conclusión: no sé qué y no sé cuantos”. SÍ. Así debes contar una historia en tu discurso: con naturalidad y de forma directa, como si se la contaras a un grupo de amigos.

También puedes empezar afirmando algo: una sentencia o un pensamiento de un autor famoso. Por ejemplo: “Las actitudes son más importes que las aptitudes”. Después de decirlo, deja una pausa, mira al público y di el nombre del autor o autora de ese pensamiento: “Así lo decía Winston Churchill en una de sus famosas frases”. Y, a continuación, di algunas ideas que justifiquen porqué les dices esa cita: tus consideraciones, tus reflexiones acerca de la idea de la cita. En cualquier caso, es fundamental que ese principio tenga personalidad, que sea impactante y que lo digas con total seguridad y, si es posible, incluso de memoria, sin leer.

Cuando escribas el discurso, escribe de corrido todo lo que se te ocurra, sin preocuparte por la redacción, sino tan sólo de las ideas que se te vayan ocurriendo: reflexiones, datos, hechos, anécdotas, consideraciones acerca del futuro, etc.. Cuando ya tengas ese primer borrador, léelo con calma y, entonces sí, dale forma a cada idea, construyendo las frases de la forma más elegante y literaria posible, pero sin pedanterías, sino con la mayor naturalidad y sencillez, plasmando con palabras lo que sale de tu corazón; es decir, de tus emociones. Suelta tu imaginación. Seguro que se te ocurren giros y construcciones originales, hermosos, literarios, con estilo, y emotivos.

Ese buen material escrito te ayudará a que luego seas capaz de transmitirlo de la mejor forma posible al público. Y, cuando pienses que ya tienes el texto terminado, déjalo reposar un día o dos y vuelve a repasarlo con calma. Imagina el efecto que pueden causar tus palabras y seguro que se te encienden ideas interesantes y otras formas de expresar mejor lo que quieres transmitir.

Una vez tengas el texto definitivo, léelo una y otra vez. Repásalo y trata de aprendértelo de memoria, estudiando cada párrafo. Una vez te sepas el primero, pasa al segundo. Cuando ya hayas memorizado los dos, pasa al tercero, y así sucesivamente, hasta saberte todo el discurso.

Por supuesto, léelo en voz alta y grábate, cronometrando la duración. Un discurso de estas características no debe sobrepasar los diez minutos, como mucho. Escucha con atención cómo suena tu voz grabada. Fíjate a ver si pronuncias bien las palabras, si hablas con calma y con fluidez, si transmites calma y tranquilidad, sin muletillas ni latiguillos. Pide a algún familiar o amigo que te escuche y te critique con el fin de corregir lo que esté mal.

A partir de ahí, decide cómo lo vas a interpretar: leyendo el texto entero, escrito en unos folios; o bien con unas fichas-guión que resuman las ideas principales; o de memoria total, sin papeles ni fichas. Si decides leer el discurso, no olvides que no debes “leerlo” sino “decirlo”; o sea, que no se note que estás leyendo. No le des “tono de lectura”, que no transmite tus emociones. Escanea con la mirada una frase lo más larga posible, retenla en tu cabeza, mira al público y dila. Vuelve tus ojos un instante al texto, escanea otra frase, retenla en tu cabeza, mira al público y dila, y así sucesivamente, con calma, sin prisas, con expresividad. La ventaja de las fichas-guión y, por supuesto, de interpretarlo de memoria, es que puedes mirar mucho más al público mientras expresas tus ideas; y eso comunica mejor y de forma más eficaz.

Busca un buen final y apréndetelo de memoria para decirlo con seguridad. El final debe ser rotundo, concluyente. Es la parte más importante porque es lo que tiene más posibilidades de quedar en la memoria de los que escuchan. Puedes terminar con un breve resumen de lo dicho en el discurso. Puedes terminar también con una cita rotunda de algún autor, que transmita la idea principal que quieres dejar en el público. Y puedes terminar también moviendo al público a la acción, dándoles un consejo; es decir, haciéndoles una petición para que tomen una decisión determinada. Pero, ante todo, ponle toda la emoción posible a ese final. Dilo “con todo tu corazón”, que significa, de hecho, con la mayor expresividad posible.

Y no olvides que, como enseño en mis cursos: “La expresividad es la proximidad afectiva del orador con respecto a lo que cuenta”. Luego, si quieres conectar bien tus emociones con las del público y conseguir la empatía, debes poner en acción toda tu capacidad expresiva, lo que significa cuidar con mimo la entonación de tus palabras y tus frases, los cambios de ritmo al hablar, la modulación de tu voz, tus gestos y tu mirada. Es decir, toda tu comunicación no verbal, que es clave para conseguir el efecto que buscas: transmitir emociones; o sea, comunicar.



CURSO INTENSIVO EN FINES DE SEMANA DE HABLAR EN PÚBLICO CON EFICACIA. ¡PLAZAS DISPONIBLES!

Todavía quedan plazas disponibles en el curso intensivo de hablar en público y comunicar con eficacia que se realiza en dos fines de semana y que empieza el sábado 18 de junio. 

El horario será el siguiente: Sábado 18 y Domingo 19 de junio, y Sábado 25 y Domingo 26 de junio; Sábados de 9 a 14 y de 15.30 a 20.30 (comiendo juntos) y Domingos de 9 a 14 h, en total 30 h de duración en las que APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO y a COMUNICAR CON EFICACIA.

La mayoría de los españoles tenemos miedo a hablar en público. Muchísimos profesionales de cualquier ámbito sufren, tiemblan, tartamudean o se descontrolan al afrontar cualquier situación de tener que hablar en público. Y muchos no son conscientes de hasta qué punto están perdiendo oportunidades de mejora profesional y personal.

Si te interesa superar esos miedos, o si no los tienes pero quieres mejorar la eficacia de tu comunicación al hablar en público, puedes hacerlo inscribiéndote en este curso, que está dirigido a quienes deseen mejorar estas habilidades. Interesa tanto a profesionales como a estudiantes de cualquier nivel. 

Aquí tienes toda la información, ¡ABIERTO PLAZO DE MATRÍCULA, PLAZAS LIMITADAS!

Más información: pacograu@cursoshablarenpublico.com - 649 98 92 96.






TODAVÍA QUEDAN PLAZAS EN EL CURSO DE HABLAR EN PÚBLICO CON EFICACIA QUE EMPEZARÁ EL 3 DE JUNIO EN MADRID.

El próximo viernes 3 de junio impartiré un CURSO DE HABLAR EN PÚBLICO CON EFICACIA en Madrid. El curso se realizará en dos fines de semana: viernes 3 y sábado 4 de junio; y viernes 10 y sábado 11 de junio en MSL Formación; C/ Marqués de Ahumada, 7.

El horario será el siguiente: viernes de 16 a 21 h y sábados de 9 a 14 h y de 15:30 a 20:30 h, en total 30 h de duración en las que APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO y a COMUNICAR CON EFICACIA.

El aforo del curso será de un máximo de 15 alumnos, y las inscripciones se realizarán por riguroso orden de inscripción y pago de matrícula.

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INTENSA SEMANA ENSEÑANDO A HABLAR EN PÚBLICO

La semana la inicié en Alicante, impartiendo durante dos días uno de mis cursos de "Hablar en público y comunicar con eficacia" a un grupo de ejecutivos de las empresas Hidraqua y Aguas de Alicante, del Grupo Aguas de Barcelona (AGBAR). Todos apreciaron y valoraron la formación recibida y vivieron con intensidad los ejercicios que realizaron.



El viernes impartí dos talleres. Por la mañana, uno en EVAP, la Asociación de Profesionales y Empresarias de Valencia. Por la tarde, otro taller en la Escuela de Negocios ALTAIR, en el Parque Tecnológico de Valencia, a los alumnos de un Máster de Dirección Financiera. Les encantó aprender criterios básicos sobre cómo conseguir superar los miedos y comunicar con eficacia cuando tengan que hablar en público.



Y el fin de semana he terminado de impartir un curso que empezó con el mes de mayo en Valencia. El grupo se ha visto mermado al final por diversos motivos, pero he podido hacerme la foto con los "supervivientes". 



Como suele ocurrir siempre, afortunadamente, todos los que han recibido mi formación sobre "hablar en público" han terminado encantados y prometiendo que recomendarán mis cursos a sus contactos.