EL USO DEL TIEMPO Y EL CONTROL EMOCIONAL EN LA GALA DE LOS GOYA

 La noche de los Premios Goya es una ocasión inmejorable para comprobar muchas de las cosas que enseño en mis cursos de oratoria en los que trato de enseñar a hablar en público y comunicar con eficacia. En la de este año 2016, la noche del sábado 6 de febrero, como siempre, hubo de todo, bueno y malo. Yo me dediqué a tomar notas durante las tres horas de fiesta para compartir con vosotros mis análisis y comentarios.

Como ideas generales, destacaban dos en las que insisto siempre en mis cursos: la primera, que la mayoría de la gente no sabe controlar el tiempo cuando habla en público; y la segunda, que comunicar es transmitir emociones y que las emociones se transmiten de un modo no verbal; es decir, no por lo que dices sino por cómo lo dices; pero, a la vez, hay que saber controlarlas y dosificarlas. Y, de soslayo, añado un comentario que mi mujer hizo mientras veíamos la gala: “Oyéndoles hablar, se nota el nivel cultural y de educación de las personas”. ¡Qué gran verdad!

Por cierto, este año les quitaron el atril y todos hablaron “a pelo” delante de dos micrófonos de pie. Como les enseño a mis alumnos, es la mejor posición para comunicar con eficacia: que se te vea de cuerpo entero, aunque es la más arriesgada porque no tienes protección ante las miradas del público.

APRENDER A CONTROLAR EL TIEMPO

Los organizadores insisten año tras año en decirles a los candidatos que, por favor, lleven su ¡breve! Discurso bien preparado para que no dure más de un minuto. El presentador, Dani Rovira, el año pasado empezó haciendo una parodia de cuántas cosas se pueden decir en un minuto. Este año, hizo una demostración de cómo un premiado puede agradecer un premio en treinta segundos: estuvo veintiocho segundos haciendo como si la emoción no le dejara hablar, simulando que se le desbordaban las emociones y lloriqueando para, en los últimos dos segundos, decir simplemente: “¡Gracias!”. Y ya está. No hace falta más.

El caso es que algunos consiguieron tener un mínimo control. Los primeros que recibieron premio controlaron más o menos el tiempo; pero llegó Miguel Amoedo quien, para agradecer su premio a la mejor dirección de fotografía por “La novia” estuvo hablando ¡2’46”! Ya sentó un precedente y el siguiente, Jorge Coira, al recibir su premio por el mejor montaje, por la película “El desconocido”, se marcó otros dos minutos de agradecimiento. Le siguió Daniel Guzmán, con su premio a la mejor dirección novel por “A cambio de nada”, no pudo controlar sus emociones, pero tampoco el tiempo que estaba hablando y se puso en primera posición con ¡3’20”!

La competición de los tiempos parecía reñida. Era interesante comprobar si alguien lo superaría. Y, claro, el Presidente de la Academia, Antonio Resines, lo superó, pero era como la Falla del Ayuntamiento: estaba fuera de concurso. Su discurso, institucional, claro, tuvo una duración de seis minutos. No era excesivo para ser, como digo, el discurso institucional del presidente.

ES MEJOR HABLAR SIN PAPELES

Pero, por cierto, siendo un gran actor como es, cuando en su vida profesional se aprenden textos larguísimos, ¿no era capaz de haberse aprendido de memoria ese discurso? Es mejor hablar sin papeles porque, entre otras cosas, no pierdes la mirada al público. Pues no. Salió con dos o tres folios doblados, los desdobló (ni carpeta ni nada, en plan cutre) y se dedicó a leerlos aunque, es verdad, procuraba mirar bastante al público. Por cierto, salió con una muleta y, los que no sabemos el porqué, nos quedamos con las ganas de saber qué le había pasado. Al principio pensé que era parte del guión, para hacer alguna broma; pero luego vi que no, que probablemente ha tenido algún problema con un tobillo o una pierna. Perdió una ocasión para haber dado una breve explicación y sacarnos de dudas con algún comentario simpático y natural.

Pero volvamos a los tiempos. José Luís montesinos, premio al corto de ficción, y Javier Cámara, premio al actor de reparto por “Truman”, estuvieron correctos: 50” y 1’10” respectivamente. Aprobados. Pero el premio de la brevedad se lo llevó Charles Philibert, premio a la mejor película europea por “Mustang”, quien utilizó ¡sólo 36”! en decir tres frases con voz temblorosa y decir “¡Gracias!”, de modo sencillo y natural. Pero, claro, no es español y tiene un cierto sentido de la disciplina.

Mariano Ozores utilizó dos minutos en agradecer el Goya de Honor, pero por ser un premio especial y ser un señor tan mayor podemos disculparlo y considerar que estuvo correcto, dentro de la emotividad del momento.

Los premiados por efectos especiales y por sonido estuvieron también bastante ajustados a los tiempos asignados. En cambio, Clara Bilbao, por vestuario, e Irene Escolar, actriz revelación, se pasaron justo el doble de lo previsto y estuvieron agradeciendo el premio dos minutos cada una. Suspendidas.

Esther García nos enseñó cómo se utiliza poco tiempo para agradecer el premio: recibió el de mejor película iberoamericana, por “El Clan” y se limitó a decir unas frases adecuadas durante cuarenta segundos. ¡Suficiente!

Luisa Gavasa agradeció el de mejor actriz de reparto por ”La novia”  y ya se fue a 1`40” ;pero, eso sí, con una voz preciosa que hacía muy agradable escucharla.

A Jesús Navarro, productor que recibió el premio a la mejor película documental por “Sueños de sal”, la cortaron con música cuando llevaba hablando 1’40”. Es verdad que empezaba a enrollarse con mensajes solidarios; pero me pregunto porqué no lo hicieron con otros.

NATALIA MOLINA SE PASÓ DE TIEMPO Y DE EMOCIÓN

Visto lo visto y oído lo oído, el resto de los premiados estuvieron más o menos en una línea adecuada hasta que llego Natalia de Molina, que recibió el premio a la  actriz protagonista por “Techo y comida”, desbordada por la emoción que casi no le dejaba hablar y, por supuesto, no tuvo control sobre el tiempo, claro. Cuando llevaba ¡2’45”! le cortaron con la sintonía.

Ricardo Darín, en el agradecimiento por su premio al mejor actor protagonista por “Truman”, estuvo correcto y no demasiado largo, a pesar de ser argentino: 1’15”.

Y los dos últimos premios, Cesc Gay, a la mejor dirección por “Truman”, y la productora de la misma película, que recogió el galardón a la mejor película del año, no se pasaron demasiado: 1’10” y 1’25” respectivamente. No fue excesivo para lo que se ha visto otros años.

Pero, después de este repaso casi exhaustivo a los tiempos utilizados, hay otros detalles en los que me fijé y que suelo comentar en mis cursos a mis alumnos, que espero que se hayan fijado en ellos porque siempre les digo que escuchando hablar a los demás también se aprende: de los bueno y de lo malo, para incorporar lo bueno y para evitar lo malo, claro.

ERRORES DE BULTO EN EL USO DEL LENGUAJE

En la utilización del lenguaje, resaltaron algunos defectos que están hiperextendidos entre los españoles, pero que no debe consentir quien quiera ser un buen orador.

Uno de los fallos es manifestar públicamente que uno está nervioso. Se oyeron frases como: “A ver si me quito los temblores…”, “Estoy muy nervioso…”, “Casi no puedo hablar…”. Ya se ve. El público se da cuenta. No es necesario que tú lo digas. Como suelo decirle a mis alumnos: “Los calzoncillos y las braguitas no se enseñan”, luego tampoco debes mostrar tus intimidades en público. Trata de seguir hablando, esforzándote por mostrar una imagen lo más serena posible y, desde luego, esfuérzate por controlar tus nervios.

Andrés Santana salió a recoger el premio a la Dirección de Producción por “Nadie quiere la noche” y, desbordado por la emoción, no fue capaz de leer la lista de agradecimientos que llevaba escrita en un folio. A algunos les tembló la voz, como a Clara Bilbao, premio al vestuario, pero no dijo nada y siguió hablando. Lo mismo hizo Çharles Philibert, premio a la mejor película europea; le temblaba la voz pero no lo manifestó. Y a alguno se le quebró la voz con la emoción, no pudo seguir y el público, como ocurre siempre, le aplaudió. Como suelo decir a mis alumnos: “El público, generalmente, es gente maja; luego no le tengas miedo”.

Desde luego, no quedaría bien que alguien salga a recoger un premio sin un atisbo de emoción. Daría la impresión de que le trae sin cuidado. Pero tampoco es bueno dejar que las emociones se desborden, porque entonces no tenemos control sobre lo que queremos decir, o incluso podemos quedarnos en blanco, como trató de representar Dani Rovira al inicio de la gala con su simulacro de agradecimiento de 30” en el que sólo acertaba a decir al final “Gracias”. Porque puede pasar eso, que nos quedemos en blanco, o que se nos desborde la verborrea y se apodere de nosotros el mayor descontrol, como le ocurrió a Natalia de Molina, premio a la actriz protagonista.

Otro de los defectos muy habituales, y que se repitió hasta la saciedad entre los premiados que hablaron, es el de comenzar una frase con un verbo en infinitivo: “Animar a la gente joven…”, “Agradecer a…”, “Dedicar a…”, “Dedicárselo a…”, “Para terminar, deciros que…”. Es una clara incorrección del lenguaje porque no se dice quién hace la acción ni cuándo se hace, es decir, falta la persona y el tiempo, imprescindibles en un verbo que describe una acción principal. Por tanto, lo correcto es decir: “Animo a la gente joven…”, “Agradezco a...” o bien “Gracias a…”, “Dedico este premio a…”, “Se lo dedico a…”, o “Para terminar, os digo que…”.

Y el otro defecto, que se repitió hasta la saciedad, y que está también tremendamente extendido en el habla de los españoles cuando dan un discurso, es el de “Quería agradecer a…”, “Quiero compartir este premio con…”, “Quería compartirlo con…”, “Quería dedicárselo a…”, “Quiero darle las gracias a…”, “Me gustaría dedicar este premio a…”. Yo siempre les digo a mis alumnos: “Si quieres agradecer, agradece, ¿qué te lo impide?, si quieres compartir, comparte, si quieres dedicar, dedica, si quieres dar las gracias, simplemente, dalas, y si te gustaría dedicar ese premio a alguien, dedícaselo con una frase sencilla y directa: “Comparto este premio con,,,”, “Le dedico este premio a…” “Le doy las gracias a…” o, simplemente: “Gracias a… por…”. Fueron muy pocos los que en la Gala de los Goya utilizaron esta construcción directa y sencilla, pero que es la más directa y efectiva.

Y, por último, una recomendación a los responsables de la Gala de los Goya: escriban con letras bien grandes los tarjetones con los premios para que puedan leerse sin gafas. En el premio a la mejor dirección, Victoria Abril, como le ocurrió a alguna otra, no pudo leer el nombre del premiado al no llevar gafas y estar escrito con letra demasiado pequeña. Es algo que también recomiendo siempre a mis alumnos cuando se escriban un discurso o una charla o conferencia: que utilicen un tipo de letra suficiente para leerlo sin necesidad de gafas, por si en ese momento no las tienen.

¡Cuánto tienen que aprender la mayoría de los españoles a hablar correctamente en público! 

TALLER 'HABLAR EN PÚBLICO CON EFICACIA', ESCUELA DE NEGOCIOS FUNDESEM (ALICANTE).


El martes, recién estrenado febrero, impartí un taller sobre “Hablar en público con eficacia” a un grupo de veinticuatro jóvenes, alumnos del máster MBA de la Escuela de Negocios FUNDESEM, de Alicante.


Los responsables de la escuela, con buen criterio, consideraron que un máster MBA que se precie debe incluir la formación en Oratoria y decidieron llamarme para que, dentro del plan de estudios tan apretado que tienen, al menos pudiera impartirles un taller de una mañana para darles unos criterios básicos con los que puedan introducirse en estas habilidades tan necesarias para un profesional.

El taller se desarrolló en un lugar espléndido: Pueblo Acantilado, en El Campello (Alilcante), donde los alumnos tuvieron una salida de día y medio al aire libre, sin dejar de recibir formación, pero aprovechando para convivir más estrechamente fuera de las aulas habituales.

El ambiente fue genial desde todos los puntos de vista: el clima fue espléndido, junto a un paisaje marino más primaveral que de pleno invierno; el lugar físico, Pueblo Acantilado, es un encanto de reproducción de pueblecito mediterráneo típico, con un servicio de primer nivel; y el ambiente entre los alumnos del máster, bien dirigidos por Federico Ortolá, fue tremendamente agradable.

En ese contexto, pude transmitirles algunas ideas básicas sobre el miedo a hablar en público y cómo superarlo, con el lema que preside siempre mis cursos: “¡NO PASA NADA!”, acompañado de otro principio básico: pensar que el público frente al que te pones a hablar “es gente maja”, son personas normales y corrientes, como tú, y, por supuesto, no son “fieras salvajes dispuestas a devorarte”.

Por todo eso, les insistí, como les digo siempre a todos mis alumnos, en que deben “mirar al público con cariño”, creando empatía entre el orador y su público y, desde luego, controlando muy bien la comunicación corporal (cuerpo, manos, gestos, sonrisa, mirada…), la comunicación paraverbal (volumen de la voz, entonación, ritmo, pausas, expresividad…) y la comunicación verbal (las ideas que quieres transmitir, bien controladas en tu mente).

Pudimos también hacer algunos ejercicios, en los que participaron con mucho interés. Al final, quedaron encantados con lo aprendido aunque comentaron, claro, que la mañana se les había hecho corta y querrían haber tenido más horas de formación.


Una barbacoa al suave sol mediterráneo y una foto de grupo pusieron fin a la jornada en Pueblo Acantilado.  




Para más información acerca de cursos de formación e información de interés acerca de 'CÓMO HABLAR EN PÚBLICO CON EFICACIA'.  VISITA MI BLOG: http://comunicayveras.blogspot.com.es/






EN FEBRERO, TRES CURSOS DE ORATORIA CON TRES HORARIOS PARA APRENDER A HABLAR EN PÚBLICO. ELIGE CUÁL QUIERES.

En febrero sigo ofreciendo, como cada mes, opciones diversas en mis cursos de oratoria para que puedas elegir la que mejor te venga y te decidas de una vez a aprender a hablar en público y comunicar con eficacia, sin complejos, sin miedos, con seguridad, con confianza, con claridad de ideas y disfrutando de la maravilla de la comunicación oral.

Con la formación que ofrezco aprenderás todo eso; te lo garantizo. Por eso te animo a que elijas tu opción preferida y hagas el esfuerzo de inscribirte en uno de mis cursos, con la total seguridad de que te encantará. Y, si al final no fuera así, te devolveré el dinero de la matrícula. ¡Es la mayor garantía que puedo ofrecerte!

Aquí tienes toda la información:


ÚLTIMO CURSO ANTES DE NAVIDAD Y ÚLTIMO DEL AÑO

Ayer jueves, 22 de diciembre, terminé de impartir otro curso de "Hablar en público con eficacia" en Valencia, que se ha desarrollado por las tardes del mes de diciembre. No nos tocó la lotería, pero todos terminaron muy contentos y satisfechos con lo aprendido, incluso con ganas de practicar más y más.
Hicieron un montón de ejercicios; pero, como digo siempre, a partir de aquí es fundamental que aprovechen cada ocasión que tengan para practicar lo aprendido: preguntando en una conferencia o en una charla a la que asistan, charlando de cualquier tema con un vecino en el ascensor o incluso contando un chiste en una reunión familiar o de amigos. Cualquier ocasión es buena para "salir del círculo de confort", superando la timidez y la vergüenza para hablar en público y abriéndose a los demás a través de las ideas que surgen de la cabeza, con tranquilidad, sin miedo, con calma, con seguridad.
Cuatro profesionales más que pasan a engrosar las filas de los que han superado sus miedos a hablar en público y ya se sienten capaces de hablar ante un grupo de personas en cualquier ambiente. ¡Enhorabuena!

CURSO DE HABLAR EN PÚBLICO EN LA UNED DE VALENCIA

Hoy sábado he terminado de impartir un curso de "Hablar en público y comunicar con eficacia" en la sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Valencia.
Un grupo de profesionales de distintas procedencias han participado durante los dos fines de semana en los que se ha desarrollado el curso. Se han integrado con verdadero entusiasmo desde el primer momento en todos los ejercicios que les he planteado.
Han superado vergüenzas y miedos, han puesto en práctica mis consejos, se han reído, se lo han pasado bien, han aportado experiencias, han hablado en público y, como siempre, al final les ha parecido corto el curso; habrían querido más horas y más ejercicios. No falla, Siempre es lo mismo en todos mis cursos. Cuando ya le cogen el ritmo al hecho de salir a hablar en público, siempre quieren más y más. Pero yo siempre les digo que, con los conocimientos y consejos que les he transmitido, lo que tienen que hacer es practicar, practicar y practicar, aprovechando todas las ocasiones que se les presenten, e incluso las que ellos mismos puedan buscarse para poder hablar en público en distintas circunstancias y situaciones.
Estoy convencido de que, si me hacen caso, su vida profesional, e incluso personal, mejorará. Así es la experiencia de miles de profesionales a los que he formado. Por eso, insisto en que vale la pena tomarse en serio aprender a hablar en público para conseguir comunicar con eficacia


EL COLEGIO GUADALAVIAR SE PREOCUPA POR LA FORMACIÓN ORATORIA DE SUS ALUMNAS

Esta semana, como cada año en vísperas de la Navidad, he impartido dos cursos en el Colegio Guadalaviar, de Valencia, en los que he enseñado a "Hablar en público y comunicar con eficacia" a las alumnas de 4º de ESO. He estado dos días con las alumnas de 4º A y dos días con las de 4º B.
La mayoría de las estudiantes tienen miedo a hablar en público, a pesar de que el Colegio Guadalaviar se preocupa de que, desde pequeñas, se enfrenten con frecuencia a situaciones en las que tienen que hablar delante del resto de la clase.
En mis clases les hago ver que "¡No pasa nada!" por ponerse delante de la gente a hablar de algo. Es el eslogan de mis cursos y se lo repito una y otra vez para que se convenzan de que hablar delante de un grupo de personas no deben considerarlo "una situación peligrosa y estresante", sino "un reto estimulante" que les motive a disfrutar del maravilloso proceso de la comunicación oral entre humanos.
La edad de estas chicas, 15 años, es clave para conseguir afianzar una mayor seguridad en sí mismas, una mayor autoconfianza, despejar de su mente pensamientos negativos y limitantes y adquirir las habilidades básicas que les permitan arraigar en sus mentes la idea de que pueden llegar a disfrutar de hablar en público transmitiendo sus ideas con tranquilidad y con la mayor brillantez y elocuencia posibles
Como utilizo mucho el humor, les pongo muchos ejemplos didácticos y divertidos y hacen ejercicios muy prácticos, las estudiantes de Guadalaviar se lo pasaron en grande. Al final, como ocurre siempre, por suerte, todas me felicitaron de modo muy efusivo manifestando cuánto les había gustado el curso.
Y, por supuesto, nos hicimos la tradicional foto, como recuerdo de estos dos días pasados con cada grupo.

EL RECURSO AD HOMINEM NO ES ELEGANTE EN UN DEBATE, SEÑOR SÁNCHEZ

El lunes 14 de diciembre por la noche se celebró el debate entre Mariano Rajoy, presidente del gobierno de España y candidato del Partido Popular a la reelección, y Pedro Sánchez, candidato del Partido Socialista Obrero Español. El debate se llevó a cabo en la sede de la Academia Española de Televisión y lo moderó su presidente, Manuel Campo Vidal. Yo me he limitado a anotar mis observaciones. Que cada cual saque sus conclusiones.

CUESTIONES FÍSICAS

En esta ocasión, a diferencia del debate a cuatro celebrado la semana anterior, los organizadores han optado por sentar a los dos candidatos en una mesa de un tamaño discreto, apenas un metro, lo que les hacía estar físicamente muy próximos y literalmente enfrentados, Rajoy a la derecha de la pantalla y Sánchez a la izquierda, como parece lógico, claro. No obstante, el hecho de estar encajonados hurtaba de la vista de los telespectadores la mayor parte de los cuerpos de los dos protagonistas. Para ellos era más cómodo y menos arriesgado estar sentados, por supuesto, pero la situación era peor desde el punto de vista de la eficacia de su comunicación.

Lo primero que ha llamado la atención ha sido el tono tan gris del decorado. Quizá los expertos decidieron que un tono azulado podía ser interpretado como subliminalmente favorable al PP y eso les llevó a elegir ese tono tan neutro, pero en mi opinión un poco anodino, del gris claro.

Me ha llamado la atención que los tres protagonistas, candidatos y presentador, mostraban chaquetas azules (no sabemos si trajes porque no se les veía los pantalones); un azul más grisáceo Rajoy y la misma chaqueta azulona del debate anterior en el caso de Sánchez quien, por cierto, ha mostrado la misma corbata roja de la semana anterior. La corbata de Rajoy era azul celeste y blanca. Los dos han seguido los cánones de lo correcto en indumentaria televisiva, aunque cabía esperar de Sánchez un cuello de camisa más moderno; el que mostraba era muy cerrado para lo que es la tendencia actual en ese terreno de la moda masculina, que propugna cuellos de camisa muy abiertos.

En el aspecto físico de Rajoy sigue llamando la atención el contraste entre su barba blanca y su pelo teñido de castaño oscuro, que todavía contrastaba más con el pelo blanco, las cejas blancas y el bigote blanco sin complejos del moderador, Campo Vidal. A favor de Sánchez, por su puesto, su buena imagen física de tipo guapetón, según la opinión mayoritaria del sector femenino español, al que, por cierto, se le apreciaban incipientes canas propias de su joven madurez.

LOS GESTOS, LOS ATAQUES Y EL TIC DE RAJOY

Desde el primer momento, Sánchez gesticulaba bien con sus manos, como es habitual en él, en esta ocasión sin los excesos de la semana anterior. Al principio, Rajoy exhibía un bolígrafo en su mano derecha, que sobraba cuando gesticulaba al hablar. A lo largo del debate Rajoy ha hecho un uso más moderado de sus manos, repitiendo un gesto muy típico en él como el de juntar los dedos pulgar, índice y corazón, acompasando con el movimiento de su mano las ideas que expresaba con sus palabras. Es una forma de puntualizar y enfatizar lo que iba diciendo.

Sánchez, desde el primer momento, ha entrado a saco con los recortes y la corrupción, mostrando claramente sus cartas desde el minuto inicial de este cuerpo a cuerpo en el que no ha perdido el tiempo en llamar mentiroso a Rajoy. Se le veían ya sus intenciones agresivas y cañeras en pos de un populismo que cabe suponer que le grangearía simpatías  y puede que votos por la izquierda, a la vez que consolidación de liderazgo entre los de su partido.

Mientras, Rajoy no torcía el gesto y se limitaba a acusar a Sánchez de "decir cosas poco sensatas"; pero no podía evitar mostrarnos de vez en cuando su clásico tic nervioso en el ojo izquierdo.

Los dos se miraban fijamente a los ojos cuando se hablaban y se escuchaban. Sánchez forzaba alguna sonrisa al hablar Rajoy, sin duda tratando de enviarnos un mensaje de descalificación; pero la sonrisa no era tan forzada como en el debate de la semana anterior. También era algo habitual que Sánchez negaba con su cabeza mientras Rajoy decía cosas, lo que contrastaba con la tranquilidad con la que Rajoy escuchaba las palabras de Sánchez.

Otro detalle que llamaba la atención era que Sánchez, en la primera media hora, ha mencionado a Rato seis veces. Sánchez leía una batería de críticas esforzándose por mirar a Rajoy mientras las desgranaba, lo que es un buen esfuerzo por imprimir fuerza a sus palabras; aunque, como es lógico, todavía habrían tenido más fuerza esas críticas si las hubiera dicho sin perder la mirada directa a los ojos de Rajoy.

Conforme avanzaba el debate, Sánchez hablaba por encima de lo que Rajoy estaba diciendo. Al principio, Rajoy no hacía lo mismo y mantenía la calma, hasta que el ambiente se ha ido calentando y Rajoy ha terminado haciendo lo mismo. Esto, sin duda, le daba viveza al debate, que no se mostraba encorsetado como en otras ocasiones, gracias a que el moderador, como un buen árbitro de fútbol, "dejaba jugar" sin mostrar tarjetas amarillas, permitiendo que los contendientes se fajaran dialécticamente el uno con el otro.

MÁXIMA TENSIÓN EN EL DEBATE

Uno de los momentos más tensos se ha producido cuando Sánchez ha acusado a Rajoy de "haber recortado el derecho de loas mujeres a decidir cuándo ser madres y cuándo no". Rajoy se ha mostrado muy sorprendido, ha dicho que no toleraba esa afirmación y le ha pedido repetidas veces a Sánchez que explicara esa acusación; pero el candidato socialista se ha limitado a repetir una y otra vez: "Usted lo sabe muy bien", hurtando a los espectadores la necesaria aclaración. Rajoy volvía a insistir y Sánchez volvía a repetir la misma frase. ¿Demagogia? Sinceramente, sonaba un poco a eso. En un debate, cuando se afirma algo hay que estar dispuesto a desgranarlo, explicarlo y demostrarlo, algo que Sánchez no hacía.

A lo largo del debate, otro detalle interesante del estilo de cada uno era el ritmo. Mientras Sánchez hablaba muy rápido, dotando de mucho ritmo a sus ideas y acusaciones, Rajoy hablaba con más calma y con un ritmo más tranquilo, dándole un aire más sereno e  institucional.

Tras el descanso de cinco minutos, el moderador plantea el tema de la reforma institucional, Rajoy habla de la constitución española y Sánchez, a lo suyo, vuelve a hablar de Bárcenas y le espeta al presidente del gobierno que debía haber dimitido, mientras éste le miraba a los ojos aguantando la andanada. Sánchez aprieta el acelerador y le dice a Rajoy que no es decente y Rajoy, tras un silencio de tres segundos, dice la frase: "Hasta aquí hemos llegado", afirmando que él "es un político honrado". Rajoy le lanza a Sánchez una acusación que repetirá siete u ocho veces: "la aifrmación que usted ha hecho es ruín, mezquiina y miserable". Le dice también que si Sánchez quiere emponzoñar el debate, él (Rajoy) no va a hacerlo.

El anterior ha sido el momento más tenso y fuerte del debate y, desde luego, cabe decirle a Sánchez que el llamado "recurso ad hominem", el recurso a la descalificación personal, está en todos los manuales de debate que descalifica a quien lo usa. Sólo los fieles, y no todos, aplauden esa ofensa personal en un debate. Es bien sabido, y bien repetido, que quien usa el "recurso ad hominem" demuestra haberse quedado sin argumentos dialécticos sólidos. Ahí ha cometido un gran error el señor Sánchez y su equipo de asesores, que parece que no han leído a Mc Luhan y su clásica teoría de la utilización fría de un medio frío como es la televisión. Claro que también estaba siendo emitido por radio, y ahí es posible que ese fuego dialéctico tenga más fortuna, como bien se analizó hasta la saciedad en el famosísimo debate Nixon-Kennedy de 1960.


Sánchez parecía obsesionado con repetir sus descalificaciones viniera o no a cuento a lo largo del debate. El moderador, después de una hora y trece minutos, plantea el tema de Cataluña y Sánchez, sin hacer caso, vuelve a repetir que Rajoy debió dimitir cuando el caso Bárcenas y vuelven a discutir lo mismo, sin que Campo Vidal se impusiera como moderador.

¡ALGUNAS COINCIDENCIAS!

Llama la atención que, en medio de tanta tensión, ¡ambos hayan coincidido en algo!, en la defensa de los ayuntamientos y diputaciones, acusando a quienes plantean su desaparición de no conocer la realidad municipal. Patada conjunta a los partidos emergentes. Más adelante, han vuelto a mostrar acuerdo en la defensa de la unidad nacional, la soberanía, la igualdad de los españoles y la ley. Mientras Rajoy enumeraba estos conceptos como intocables, Sánchez repetía a cada uno: "estamos de acuerdo". Rajoy decía que no puede consentir un referéndum en Cataluña y Sánchez decía que él tampoco. Bien. Un poco de suavidad en medio de la tensión.

Una y otra vez se acusan mutuamente de mentir: "Miente usted, señor Rajoy; no, quien miente es usted, señor Sánchez". "Miente usted, señor Sánchez; no es cierto, quien miente es usted, señor Rajoy". Y así una vez y otra, haciendo buena la acusación de Albert Rivera, candidato de Ciudadanos, del ya famoso "y tú más" del bipartidismo.

OJO CON LAS PALABRAS

Un buen orador y, por tanto, un buen político, debe tener un excelente dominio del lenguaje. Si no lo hace, difícilmente puede transmitir sus ideas con exactitud. Por eso, ha sorprendido Pedro Sánchez cuando, al referirse a Cataluña y a su preconizada reforma de la Constitución, ha dicho textualmente que esa reforma "no va a convencer pero va a persuadir a la mayoría de los catalanes" (¿?). Señor Sánchez: debe usted saber que los términos "persuadir" y "convencer" son sinónimos, luego ha tenido un patinazo que nos ha dejado un poco perplejos sin llegar a entender bien lo que ha querido decir. 

En el mensaje final del debate, sin alusiones al contrario, a petición del moderador, Sánchez ha utilizado su minuto mirando bien a cámara; o sea, a los ojos de los espectadores, pero ha mirado a los papeles tres veces.

En ese mensaje final, con el que se ha cerrado el debate, Rajoy (¡aleluya!) ha mirado a cámara ¡sin leer!, cosa que le recriminé hace cuatro años en su debate con Rubalcaba. Menos mal que ha aprendido algo y ha hecho caso a sus asesores, cerrando su intervención con una ligera sonrisa final.

Así se cerraba un debate que quedará para la historia. El domingo, como es lógico, los españoles tenemos la última palabra.