LLEVA LOS FOLIOS SUELTOS, CON UNA CARPETA

Cuando vayas a hablar en público, si llevas el texto de tu intervención escrito, procura llevar los papeles sueltos, sin grapas ni clips, y escritos por una sola cara. Los manejarás mejor.

Si al pronunciar tu discurso, conferencia o presentación, estás de pie, sin mesa ni atril, debes llevar una carpeta un poco rígida por detrás de los folios. Si tu mano tiembla un poco, no se notará, además de que es más discreto: nadie tiene porqué ver tus papeles, si están arrugados, si son de papel reciclado, ni con qué tamaño has escrito el texto. No darás sensación de desastre y desaliño. Al estar sueltos, pasarás mejor cada folio, sin obstáculos. Además, al estar escritos por una sola cara, deslizarás discretamente cada folio poniéndolo detrás del último, entre éste y la carpeta, nunca detrás de la carpeta. Procura que tu público esté atento sólo a lo que dices, no a qué trajín te llevas con tus papeles. Eso es lo que debe hacer un buen orador: conseguir que su público centre toda su atención en sus palabras, evitando al máximo provocarles distracciones.

Si estás de pie detrás de una mesa, no caigas en la tentación de dejar tus folios encima de la mesa. Si lo haces, para leer el texto tendrás que agachar mucho la cabeza y no ofrecerás una buena imagen frente al público. Sujeta la carpeta con los folios delante de tu pecho. De esa forma (compruébalo) podrás mirar alternativamente al texto y a tu público con la cabeza erguida y con  tan sólo un movimiento de tus ojos de unos treinta grados.

Y, por supuesto, al escribir el texto, el final de cada folio debe coincidir con un punto y aparte. De esa forma, aprovecharás la breve pausa del final del párrafo para pasar el folio y dejar frente a tus ojos la hoja siguiente. ¡Ah! y numera los folios. Si se te cayeran al suelo y se desordenaran, al recogerlos los ordenarías en un momento.

NO TENGAS MIEDO A EQUIVOCARTE. RUÍZ GALLARDÓN LO HIZO

Si al hablar en público te equivocas en algo y metes la pata, piensa que no es el fin del mundo. El público lo comprenderá, porque son humanos como tú. Rectifica, pide disculpas por el error y sigue adelante. ¡No pasa nada! En mis cursos cuento algunos casos reales de errores tremendos que han tenido en sus conferencias personajes muy conocidos.

El año pasado. el entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón pronunció una conferencia en el Club de Encuentro Manuel Broseta, en Valencia. El salón del Hotel Valencia Palace estaba abarrotado por unas trescientas personas, En primera fila estaban las autoridades invitadas: el presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, el presidente de les Corts Valencianes, Juan Cotino, etc.

Al comenzar su disertación, en sus primeras palabras de saludo, Ruiz Gallardón dijo textualmente: "Molt Honorable President de la Generalitat Catalana...". Inmediatamente, un rumor del público asistente le corregía espontáneamente: "¡Valenciana, valenciana!". El ministro, sin inmutarse ni perder la compostura, demostrando gran profesionalidad, rectificó al momento con sencillez y dijo: "Perdón. Como estamos en elecciones catalanas y mañana me voy a Girona, se me han cruzado las ideas. Generalitat Valenciana, por supuesto, Valenciana". Saludó al resto de autoridades y comenzó su interesante y bien expresada conferencia.

Los asistentes mantuvimos los comentarios entre nosotros sobre la metedura de pata del ministro no más allá de quince o veinte segundos para, en seguida, centrarnos en escuchar sus palabras. Los comentarios posteriores fueron de comprensión hacia un error humano, que puede tener cualquiera. Pero el prestigio del ministro no se vio menguado por este pequeño incidente. ¡No pasó nada!

No olvidemos que tener sentido del humor es tener la capacidad de reírse de uno mismo. Y hace falta sentido del humor y personalidad para saber sacar la pata de forma airosa y sencilla cuando uno la ha metido por falta de concentración o por un despiste humano.

INYECTA EN TUS VENAS UNA BUENA DOSIS DE AUTOCONFIANZA

Antes de ponerte a hablar en público debes repetirte cien veces, sin dudar, que eres perfectamente capaz de hacerlo.

Debes revestir tu interior del acero de la seguridad en ti mismo.

Debes inyectar en tus venas una buena dosis de autoconfianza.

Si otros han podido, tú también puedes.

Piensa que, pase lo que pase, ¡NO PASA NADA!.

Si tienes un error el público lo comprenderá.

No te tortures.

Relájate.

Ahuyenta los pensamientos negativos y destructivos.

No te machaques.

Deja que fluyan los pensamientos positivos con naturalidad.

Confía en ti.

Imagínate siendo capaz de hablar en público con soltura y seguridad y fija esa imagen en tu cabeza.

Persíguela.

Acaríciala con tus pensamientos.

Paladéala.

Disfrútala.

Y, ahora, ¡hazla realidad!

EMPIEZA EL CURSO APRENDIENDO A HABLAR EN PÚBLICO... POR FIN

En la actualidad, ningún  profesional puede quejarse de no saber hablar en público, de pasarlo mal cuando se enfrenta a esa situación, de no saber cómo hacer una presentación eficaz y, sobre todo, de no saber explicarla con convicción, de no saber mantener la atención de su público mientras pronuncia una conferencia o da una charla, de no saber captar  las mentes de sus alumnos en clase, de sentir pánico ante un público un poco numeroso, de sentir terror ante la idea de quedarse en blanco y hacer el ridículo... ¡NO!

En la actualidad ningún profesional puede quejarse de todo eso porque la solución es muy fácil: existen profesionales, a su vez, entre los que me encuentro, que ayudamos a esos otros profesionales a superar todas esas dificultades y a conseguir enfrentarse a ellas con solvencia, con los conocimientos y con el empeño personal suficientes como para ser capaces de llegar a disfrutar hablando en público, sintiéndose seguros, tranquilos, con la mente clara y ordenada,l siendo capaces de mirar al público a la cara, sin perder el hilo de sus palabras mientras pronuncian esa charla o conferencia.

Entre mis más de siete mil alumnos, en estos veinte años dedicados a impartir estas enseñanzas, me he encontrado con no pocos estudiantes, empresarios y profesionales de todo tipo, que venían a mi curso con algunas dudas, con escepticismo, sin estar muy seguros de haber hecho bien en inscribirse en aquel curso. Algunos me decían que ellos "eran un caso perdido", que serían incapaces de llegar a conseguir esos objetivos que planteo. Pero, siempre, al final del curso al que asistían, se marchaban emocionados y felices de haber descubierto que sí que eran capaces y que a partir de ese momento afrontarían las situaciones de hablar en público con otra actitud y, desde luego, con los conocimientos suficientes como para hacerlo con solvencia y seguridad,

Este mes de octubre, como cada me, he organizado otros dos cursos para que se pueda inscribir quien quiera. Son abiertos. En la convocatoria adjunta tienes toda la información. Y, si tienes problemas económicos para pagar la matrícula, cuéntame tu caso y trataremos de arreglarlo. Pero no dejes por eso de venir al curso. ¡Te encantará! Tan seguro estoy, que suelo decir: "Ven al curso gratis. Sólo me pagarás si, al terminar, el curso te ha parecido provechoso e interesante". ¡Lo digo en serio!


UNA BUENA PREPARACIÓN DEL CONTENIDO ES BÁSICA PARA HABLAR EN PÚBLICO

Antes de hablar en público debes ordenar bien tus ideas y preparar a conciencia tu intervención, dedicándole el tiempo necesario. Eso te ayudará a sentirte seguro y a superar el miedo escénico.

Debes dedicar un tiempo a pensar sobre el tema del que vas a hablar, dejando que las ideas fluyan en tu mente. Toma nota de todo lo que se te ocurra. Reflexiona.

Deja volar la imaginación. Haz tu propia y particular "tormenta de ideas", permitiendo que tu mente creativa le dé forma a cualquier idea por absurda que parezca. Entonces, tu mente lógica la ponderará y decidirá si es útil para el objetivo que te has marcado o no, si tal vez necesita una modificación en uno u otro sentido,si realmente es demasiado absurda o si puede apoyar adecuadamente la expresión de determinada idea.

De esa forma, encontrarás un hilo conductor, una idea original, un enfoque creativo, llamativo, atractivo, didáctico e incluso emocionante para desarrollar tu intervención (tu discurso, tu ponencia, tu conferencia, tu presentación...).

Una vez conseguido ese "algo" que le dará personalidad a tu discurso, ya puedes dedicarte a recopilar toda la información, todos los datos, todo el contenido de lo que quieres exponer. Cuanto más material consigas "poner sobre tu mesa", mejor.Trata de ser exhaustivo. Sigue aquel principio tan popular del "más vale que sobre que no que falte".

No estará de más, por cierto, que busques algunas citas de determinados personajes que ayuden a ilustrar y aportar valor a tus ideas. El efecto sobre la audiencia es el de aportar autoridad a esas ideas que expones, como si dijeras: "No sólo lo digo yo; lo dice también este autor".

Cuando ya tienes todos los ingredientes, debes fijarte en un elemento crucial: el tiempo del que dispones. Con el material que tienes, seguro que podrías preparar una intervención de una hora. Sesenta minutos hablando, aportando, datos, ideas, citas, etc. Pero debes ajustarte a esos diez, veinte o treinta minutos que tienes asignados, lo que significa que deberás desechar bastante material, eligiendo lo que sea más interesante y necesario para transmitir las ideas que quieres hacer llegar a tu audiencia.

Para ser riguroso con el tiempo, debes crear una estructura básica, unos grandes apartados. asignándole tú mismo un determinado número de minutos a cada apartado. A partir de ahí, desarrollarás las ideas, los datos, los contenidos que consideres oportuno para cada uno de esos grandes apartados, siendo muy escrupuloso en la duración de cada bloque.

Cuando ya lo tienes todo escrito, repásalo, reescríbelo, cambia algunas frases, busca palabras más precisas e incluso más hermosas. Y, cuando ya tengas el texto definitivo, decide si vas a dirigirte al público con los papeles delante, con un esquema-guión, o vas a decirlo todo de memoria. En  cualquier caso, debes leer una y otra vez el texto que has escrito, fijando bien las ideas en tu cabeza para poder expresarlas con soltura al ponerte a hablar en público delante de tu auditorio.

EXPLICA EN UN MINUTO CÓMO HA SIDO TU VERANO

Las vacaciones de verano han terminado para la mayoría. Se reinicia la actividad profesional y laboral.

Seguro que la mayoría les contaremos a nuestros compañeros, amigos y familiares cómo ha sido nuestro verano; pero, ¿serías capaz de contarlo en tan sólo un minuto, con orden, sin dudas, de forma atractiva, con naturalidad, resaltando las ideas principales y dejando una sensación positiva en quienes te escuchan, para que se hagan una idea exacta de cómo ha sido tu verano o, al menos, de cómo quieres que se lo imaginen?

Inténtalo. Grábate con tu teléfono y a ver si eres capaz de contarlo en un minuto, de forma natural, completa y ajustada al tiempo. Y, por supuesto, sin muletillas ni latiguillos, dejando los espacios y silencios adecuados, que le dan peso a tu intervención.

Como es lógico, deberás resaltar las cuatro ideas principales, dedicándoles, por ejemplo, quince segundos a cada una de ellas. Fija bien el esquema en tu mente, concéntrate y ¡adelante! Hazlo.

Cuando ya lo hayas conseguido, ponlo en práctica con tus compañeros y amigos. Será una buena forma de practicar tus habilidades a la hora de hablar en público. Y, cuando lo hagas, no dejes de mirarles a los ojos mientras hablas, sonriendo de una forma natural y poniendo los gestos adecuados a lo que estás diciendo, a la vez que cuidas el volumen y el tono de tu voz, dándole la expresividad debida.

Y si compruebas que no acabas de saber cómo hacerlo bien, no lo dudes: inscríbete en uno de mis cursos sobre "Hablar en público y comunicar con eficacia", donde aprenderás los secretos de la oratoria. En Septiembre impartiré dos en Valencia: uno entre semana y otro en dos fines de semana. Los detalles están en la convocatoria adjunta. Y recuerda que te garantizo que te encantará lo aprendido. De forma que, si no es así, te devolveré el dinero de la matrícula.



EL BUEN ORADOR DEBE CREER EN SU MENSAJE AL HABLAR EN PÚBLICO

He asistido a una Misa en un convento de monjas en Noja (Cantabria). Hoy es San Bernardo, considerado como fundador de la orden del Císter. El sacerdote ha pronunciado una homilía y creo que ha sido una de las mejores que he escuchado desde hace algún tiempo, no ya por su contenido sino por las formas que ha utilizado para transmitirnos su mensaje, ajustadas a las técnicas de hablar en público.

De entrada, su mensaje era claro y se entendía a la perfección; pero, además, tenía un buen timbre de voz, vocalizaba y articulaba muy bien; es decir, pronunciaba bien las palabras y se le entendía con claridad. Me recordaba a San Josemaría, a quien tuve la ocasión de escuchar predicar hace más de cuarenta años.

Hablaba con un ritmo pausado, pero no excesivamente lento. Hacía las pausas adecuadas. Hablaba de forma natural, sin afectaciones, pero aplicaba la debida expresividad a lo que decía. Y, por supuesto, decía cosas interesantes desde una perspectiva cristiana, resaltando con claridad los puntos que quería resaltar, repitiendo el mensaje central tres veces a lo largo de su intervención , ajustada al tiempo (unos ocho minutos) y, siempre, durante los ocho minutos de su intervención, miraba a los feligreses que tenía delante; es decir, miraba a las personas que le escuchábamos, principio básico de todo buen comunicador al hablar en público.

Muchos sacerdotes deberían revisar su forma de predicar. Su mensaje es el principal de los mensajes: el mensaje del Evangelio, el mensaje de la vida cristiana, el mensaje de Jesús, el mensaje del Amor, el mensaje de la salvación y de la vida eterna. El buen comunicador debe creer firmemente en su mensaje al hablar en público. No debe decir palabras, palabras y más palabras. Así, si cree firmemente en su menaje, lo transmitirá con expresividad, ya que la expresividad transmite a quienes escuchan el estado de ánimo que el orador quiere comunicar a través de sus palabras. Por eso, el orador, al hablar en público, debe plantearse qué estado de ánimo quiere transmitir: ¿la monotonía y el aburrimiento, a través de palabras huecas, dichas sin convicción, o las emociones positivas que nacen de una mente y de un espíritu identificados absolutamente con el mensaje que el orador quiere hacer llegar a su público a través de sus palabras?

Ahí está la clave para que un orador pueda llegar a conseguir la persuasión con sus palabras; es decir, que pueda lograr que el público que le escucha se identifique plenamente con sus ideas. Y eso se consigue mediante el buen uso de la retórica. Pero, por desgracia, con demasiada frecuencia escuchamos a ingenieros, empresarios, políticos, economistas, escritores..., que no consiguen removernos por dentro al hablar en público; no consiguen que nos identifiquemos con lo que están diciendo. Y ese debe ser el objetivo último de todo buen orador, cualquiera que sea su profesión.